El mal olor de las plantas de tratamiento de agua. Y no solo porque genera una mala impresión en quienes viven y visitan la ciudad, sino porque pueden ser señal de que algo no va bien en las instalaciones. Aquí queremos analizar por qué se produce y cómo se puede prevenir.

¿Qué causa los malos olores en las plantas de tratamiento de agua?

Puede deberse a diferentes cuestiones. La más frecuente hace referencia a deficiencias en las instalaciones de la planta de tratamiento de agua. Con el paso del tiempo, los sistemas de filtrado en el punto de uso pierden eficacia y, si no son renovados, pueden provocar que los residuos se estanquen e inicien su proceso de putrefacción, lo que suele ir asociado a la aparición de esos malos olores tan característicos.

Sin embargo, el problema más frecuente en este tipo de instalaciones tiene que ver con las emisiones de sulfuro de hidrógeno (H2S). Este gas, que está presente de forma muy habitual en las aguas residuales, es utilizado por la bacteria Thiobacillus, que prolifera especialmente en ambientes cálidos y húmedos, para generar ácido sulfúrico (H2SO4). Este compuesto es capaz de corroer rápidamente cualquier estructura de acero, cobre y hasta de hormigón.

Ese ácido sulfúrico ataca tanto a las infraestructuras de la planta de tratamiento como a las propias aguas residuales. La combinación de ambos factores hace que, en un lapso corto de tiempo,  y acaben vertiendo malos olores a los alrededores. Estos pueden llegar a percibirse a varios cientos de metros a la redonda.

Pero no solo eso. El sulfuro de hidrógeno, antes de transformarse en ácido sulfúrico, es muy peligroso para quienes trabajan en la planta de procesamiento de aguas residuales. De hecho, es un gas tóxico para el ser humano que, además, resulta bastante inestable y tiene propiedades inflamables y explosivas. Al ser más pesado que el aire, suele acumularse generando bolsas en espacios con aguas estancadas.

 

¿Qué problemas conllevan los malos olores que salen de las plantas de tratamiento de aguas residuales?

Lo primero que hay que decir al respecto es que no suelen ser peligrosos. Esto se debe, principalmente, a que el viento disipa la mayor parte de los agentes nocivos que pudiese albergar en el momento de salir de la planta. Sin embargo, sí que resultan muy molestos. Especialmente, cuando existen comunidades de vecinos en las zonas aledañas a la planta.

No es la primera vez que una comunidad de propietarios denuncia a una planta de tratamiento de aguas residuales por esta cuestión. Existen normativas claras al respecto por parte de la mayoría de administraciones públicas que obligan a cumplir una serie de directrices en materia de olores. Por tanto, tienen respaldo legal.

Ese mal olor afecta negativamente a la calidad de vida de la zona y al valor de las propiedades inmobiliarias ubicadas en los alrededores. Ese es el motivo más habitual de denuncia. Ser previsor en esta materia también conlleva un ahorro en indemnizaciones y procesos judiciales a medio y largo plazo.

 

¿Cómo evitar la aparición de mal olor en el tratamiento de aguas residuales?

La clave principal está en la prevención. En primer lugar, hay que seguir un escrupuloso mantenimiento en base a soluciones de nutrientes en base a sales nitradas que actúen como reactivo biológico. De hecho, actuar sobre las bacterias citadas anteriormente es básico para que no se genere el sulfuro de hidrógeno y, en consecuencia, para que no derive en ácido sulfúrico capaz de dañar gravemente las instalaciones y de provocar la salida de malos olores.

Pero ¿cómo saber en qué situación se encuentra la planta respecto al problema del mal olor? En este punto, el papel de los expertos de laboratorio en aguas residuales se antoja fundamental. Ellos serán los responsables de recabar las muestras y de determinar cómo de avanzado está el problema exactamente.

Estos tratamientos deben aplicarse forma dosificada en función de las necesidades de la instalación en cada momento. Para ello, si el problema ya existe y ha hecho acto de presencia, es necesario desarrollar una estrategia con la ayuda de expertos y de datos telemétricos. Muchas veces, la aplicación de este tipo de productos ni siquiera debe ser realizada personalmente. Con los preparativos adecuados, es posible controlarlas de forma remota incluso.

Por su parte, prestar atención a los sistemas de filtrado también es de vital importancia. Es necesario renovarlos y limpiarlos con relativa frecuencia. Los residuos sólidos presentes en el agua antes de su depuración deben ser retirados y almacenados convenientemente para su posterior eliminación lo antes posible. Para ello, es necesario el uso de contenedores herméticos.

Llegados a este punto, si se observa que las instalaciones de la planta se encuentran afectadas por la acción del ácido sulfúrico, será necesario acometer obras para su reparación. Y es que, una vez que la corrosión ha provocado orificios en las cañerías y conductos de circulación del agua residual, no queda otra opción. Ese también es un momento idóneo para adecuar las instalaciones a la aplicación de los tratamientos preventivos citados anteriormente.

 

En definitiva, los malos olores de las plantas de tratamiento de aguas residuales se pueden solucionar y, sobre todo, prevenir de un modo más sencillo y rápido del que se podría creer a simple vista. Solo es necesaria la implantación de las medidas adecuadas en el momento correcto. Está claro que este tipo de instalaciones no huelen a perfume en muchas de sus zonas, pero pueden ser perfectamente transitables y no suponer impacto para quienes viven cerca o pasan cerca de ellas.

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